viernes, 20 de junio de 2014

Capítulo 20: Impactada

Impactada. Por dentro aquella mansión era mucho más impresionante, si el exterior te dejaba sin palabras el interior era capaz de dejar tu mente en blanco. Después del gran portal inicial de mármol blanco pasabas a un gran recibidor, y paralelo a la puerta había una escaleras, lógicamente también de mármol, aun que los escalones estaban recubiertos por una tela roja, más concretamente un rojo sangre, con una barra de sujeción dorada en cada escalón para evitar que la tela se moviera de su lugar, la escalera ocupaba todo el gran vestíbulo, y a medida que subía se iba haciendo más estrecha, además de tomar forma de escalera de caracol. En el vestíbulo había dos portones a los lados, tanto de la gran puerta como de la escalera, todo era mármol. "Padre había sido recibido por un hombre grande, y algo orondo con una gran sonrisa, que nada más verlo le abrazo con fuerza y le dio dos besos en cada mejilla que nos dejaron a todos algo, impresionados digamos. Comenzamos a caminar tomando el gran portón de la derecha, la diferencia entre el suelo y el techo era de al menos ocho metros de altura y además de algún que otro jarrón había cuadros de hombres, algunas mujeres incluso, seguramente fueran todos los miembros notables de la familia. Yo iba tan distraída que no me di cuenta de que pararon y me choque contra la espalda de Pegasus, que me sonrió y me giño un ojo, al mismo tiempo que su mano izquierda pasaba por mi cintura provocando que me moviera y me colocara delante de él, una vez me encontré al lado de Scorpius afianzo su agarre en vez de soltarlo, por un momento temí que los instintos sobre protectores que parecían haber aflorado esa semana salieran a la luz, pero se mantuvo recto y en su sitio. Permanecimos parados antes una puerta hasta que finalmente esta se abrió y nos permitió pasar, lo que provoco que Pegasus me soltara indicándome que debía ir con Scorpius, cosa que hice, algo temerosa pero lo hice. Aquella sala en la que nos encontrábamos era pequeña teniendo en cuenta las dimensiones del resto de la mansión, a pesar de ello entramos todos los grupos.
-Bien, chicos este es Angelo di la Fontain, el padre de Vinchenzo. Como sabéis durante lo que dure el ataque a su familia nos quedaremos aquí protegiéndola. Angelo, estos son mis chicos- Alguien carraspeo- y chicas por supuesto
- Autenticas bellezas por lo que veo- Angelo era el típico italiano que sabía elogiar a una mujer
-Querido- todas las cabezas, absolutamente todas se giraron hacia una pequeña puerta de color blanco que había al fondo de la estancia, allí se encontraba una mujer con las piernas más largas y torneadas que hubiera visto yo en mi vida, llevaba un vestido de color rojo sangre, que parecía ir completamente a juego con la tela que cubría las escaleras, y que además se ajustaba completamente a su cuerpo, su pelo algo ondulado era completamente negro y estaba tan bien peinado que no había un solo pelo rebelde que osara deshacer esa perfección, pero lo que más destacaba eran aquellos hermosos y brillantes ojos verdes sobre su piel morena, la que, incluso solo con la mirada podías percibir su suavidad, además, estaba completamente segura que olía a vainilla y canela. La mujer se desplazo grácilmente por la sala atrayendo todas y cada una de las miradas, tanto de los hombres como de las mujeres, era increíble como parecía flotar sobre aquellos tacones de aguja. Llego hasta su marido, al cual le sacaba una cabeza, casi dos más bien, y le dio un beso suave en los labios, aun que fue dado con tanta sensualidad que parecía una visión no apta para menores de dieciocho
-Aun que ninguna tan bella como tú, amore- La mujer sonrió con suspicacia
- Es cierto que son hermosas, y estoy segura que si no fuera por esas toscas ropas dejarían a más de un muchacho impactado
- Y lo hacen querida Antonietta, pero mis chicas deben proteger su vida, y la vuestra por supuesto, para eso estamos aquí- los tres se rieron- Bueno, iniciemos las presentaciones formales. Escorpión, acercaos- Esos eramos nosotros- Este es Escorpión- Dijo señalando a Scorpius- y ella es Antares- me señalo a mi, yo sonreí- Se encargaran de la seguridad vuestra y vuestro hijo, principalmente del niño, ya que Géminis, acercaos por favor- Gustav y los gemelos se acercaron- como les iba diciendo el grupo Escorpión se encargara de vuestra seguridad y de la del niño, principalmente se encargaran del niño, por lo que cuando ustedes no se encuentren con él el grupo de Géminis formado por Gustav, este se inclino tomando la mano de Antonietta y besándosela 
-Señora- después tomo la mano del hombre y se la estrecho- Caballero, será un honor que cedan su vida a mi cargo, y al de mis compañeros.
- Siempre tan caballeroso- "Padre" sonrió- como iba diciendo ellos son Alhena y Castor, se encargaran de sus seguridad completamente- Antonietta nos miro a Scorpius y a mi
-Por favor seguidme, os mostraré la habitación en la dormiréis- Antonietta nos guió fuera de la sala mientras "Padre" hacia el resto de las presentaciones. Los pasillos eran muy parecidos entre ellos, no llevaba media hora allí y ya creía haber visto todo el mármol que puede ver una persona a lo largo de su vida. Finalmente después de subir unas escaleras y recorrer unos cuantos pasillos nos encontramos frente a una puerta de madera, igual a la del resto de la casa, ella la abrió- "Padre" nos aviso de que serían dos personas las que se encargarían de mi hijo, por lo que trasladamos a Vinny a la habitación contigua a esta, como podéis observar están unidas por esa puerta corredera, os dejaré que os acomodéis- Una vez nos dejó solos comencé a fijarme en la habitación, parecía la habitación de un gran hotel, tenía dos camas perfectamente blancas y sin una arruga, el suelo era de madera, totalmente brillante y sin un rasguño, tenía incluso una pequeña chimenea y un sillón, rojo sangre por supuesto, que contrastaba con el color blanco de las paredes y las camas. Había un pequeño balcón, que tenía unas perfectas vistas  al jardín trasero, que estaba compuesto por una gran zona verde y un inmenso laberinto, y en el centro de este, parecía haber una fuente, aunque debido a la magnitud del terreno no podía apreciarlo en su totalidad, volviendo a la habitación, en ella también había un baño propio, que era incluso más grande que mi habitación de la zona de Escorpión, la puerta corredera de la que nos había hablado la señora di la Fontain era como dos puertas normales, y era de color blanco a diferencia de las puertas de los pasillos, el pomo era de color dorado y brillante, justo cuando me disponía a ver la habitación que se encontraba al otro lado de aquella puerta una voz me saco de mi ensoñación
-¿En que se supone que estabas pensado?

miércoles, 11 de junio de 2014

Recuerdos

(Esta historia la hice para un concurso sobre el maltrato, es ficción y todo lo que se asemeje a la realidad es pura coincidencia)

Todo esta oscuro, ¿dónde estoy?, ¡ah!, ya sé, poco a poco recuerdo, el primer día que me hablaste, yo no sabía que hacer, tú eras el chico guay, y yo la tímida con la que no hablaba nadie, la rara que se sentaba delante.
Me saludaste, me mirabas tranquilo, con tu cara a la altura de la mía, por suerte estaba sentada, si no seguramente me hubiera caído.
Te respondí algo más cortada, no estaba segura de lo que querías, ¿deberes?, no, tú estabas un año por encima de mi, ¿amistad?, no, aquello era imposible. Dijiste que me buscaba un profesor, claro, eso era, una parte de mi se sentía desilusionada, te fuiste hacia la puerta y yo volví a hundir la cabeza en aquel libro, y sin esperarmelo me llamaste, por mi nombre, y me ofreciste compañía mientras sonreías, y yo te devolví tímidamente la sonrisa, quizás ahí empezó todo.
Todo se torno oscuro de nuevo, estaba en tu regazo, llorando, me acariciabas el pelo y susurrabas palabras de alivio. Yo negaba con la cabeza mientras me escondía de mi misma en el cuello de tu camisa, me propusiste que saliéramos, no me lo esperaba, estaba sorprendida, feliz y al mismo tiempo tenía miedo, alce la cabeza, dijiste que así dejarían de molestarme, baje de mi nube, pero en parte algo normal, al fin y al cabo, ¿como iba yo a gustarte?, nos levantamos, se acababa el tiempo, y mientras sonaba la timbre de clases me diste un suave beso en la frente y me acariciaste la mejilla.
Un salto en el tiempo, un año después de aquello más o menos, volvía a estar sobre tu regazo, pero esta vez me besabas con dulzura en los labios. Afirmaste que no dejarías que me hicieran daño. Fue un primer beso perfecto, quizás porque las mentiras hacen la vida más bonita.
Otro salto, otra vez oscuro, otro recuerdo. Tú último año en el instituto. La palabra zorra salió por primera vez de tus labios, y todo, por culpa de mi ropa. Me tenías aprisionada contra la pared, casi no tenía voz y tu mano contra mi garganta no me dejaba respirar. Las lágrimas que había intentado contener surcaron mis mejillas, apartaste la mano de mi cuello y me besaste con dulzura acariciando la mejilla marcada con un surco violacio. Me dijiste que lo hacías porque me querías, lo dijiste en un susurro que había escuchado en muchas ocasiones, y en todas ellas, me lo creí.
Oscuridad, no espera, algo brilla, es un pequeño foco de luz, y vibra, mi móvil, otro mensaje tuyo, ya son diecisiete, no ha pasado medias hora desde que hable contigo, intenté llamarte pero la música estaba muy alta así que salí a fuera, pero tú ya estabas allí, y sin poder mediar palabra me golpeaste. Después de varias patadas me agarraste del pelo y tiraste hacia arriba, el dolor me dejo muda.
Me gritabas, sé que me gritabas, pero yo ya no te oía, tus insultos eran cada vez más fuertes, aun que no podía oírte estaba segura de que era así, era una rutina. Los golpes continuaron hasta que sentí que no tenía fuerzas para mantener los ojos abiertos.
Otro cambio, esta vez es todo blanco ¿habría muerto?, si, posiblemente si, no, espera, escuchaba un susurro, la voz de mi madre, si, era ella, pero parecía lejana, algo sobre unas flores. Abrí los ojos y me recosté como pude, y entonces vi con claridad a mi madre, se acerco y lo primero que hice fue preguntar por ti, pero ella se mostró tajante y sería, no quería que te volviera a ver, yo no entendía nada, pero entendí menos cuando ella se pudo a buscar en su bolso, y cuando después me tendió un espejito de mano. Yo lo abrí y me vi reflejada en él, me mostró a mi realmente, sin el maquillaje, mi  cara era una mezcla de colores, morado, rojo y un poco de moreno. Lo que más destacaba además de la mezcla de colores era un gran corte en el labio y otro, algo más pequeño en la ceja derecha, y había más y más heridas, sólo en mi cara, y entonces, frente a ese reflejo, reaccione de todos los te quiero y todas las flores con las que me demostrabas "tu amor". Durante mi estancia en el hospital continuaste mandando flores y mensajes, pero yo no te respondía a ninguno, y entonces las flores se tornaron en amenazas.
Oscuridad, una pequeña luz, el presente, hoy. Un policía esta a mi lado, y tras un espejo, varios hombres. La luz iluminaba con claridad sus caras, tu cara, tus ojos que una vez me miraron con amor, tus labios que me besaban y decían te quiero, tú que alguna vez me quisiste, o quizás no, a lo mejor se convirtió en odio, o a lo mejor todo fue una broma que se te fue de las manos, pero ya es tarde, todo se acabo. Dije un número, tu número. El policía asintió y las luces se apagaron y me vi, me vi reflejada en ese espejo que evitaba que tú supieras cuando llegue, cuando me fui, o si siquiera llegue a estar en aquel lugar. Vi el último golpe que llegaste a darme. No volví a verte, y  a pesar de que tus manos solo me acabaron causando dolor, a pesar de que tus palabras me hacían daño, a pesar de todo, creo, que todavía te quiero.

Hogwarts

  Antes de que pudiera darme cuenta ya estaba perdida, uno de los estúpidos Crabe o Goldey había incendiado la sala de los Menesteres, y yo no podía respirar por culpa del humo pero, a pesar de todo, visualice una figura corriendo hacia mi, gritándome. Fui en su dirección, si no me mataba él lo haría el fuego, no tenía nada que perder. Cuando estuvimos frente a frente me agarro la mano y tiro de mi, atrayéndome más hacia él, lo cual era confuso
-Si voy a morir, te salvaré, pero antes- no entendía nada pero se puso todo mucho más confuso cuando acuno mi cara con sus manos y me besó, no tenía nada que ver con el beso de Ron un rato antes, este era dulce, pero demandante al mismo tiempo, comencé a responderle, por un momento note como se tensaba, pero fue casi imperceptible ya que un segundo después profundizaba el beso, llevo sus manos a mis caderas y las mías a su nuca. Cuando nos separamos por falta de aire, me pareció ver como en su rostro se formaba una sonrisa, pero me empujo, y antes de que pudiera volver a su lado una barrera de fuego se interpuso entre nosotros, aun así, pude escuchar claramente lo que menos pensé oírle decir hacia mi- Te quiero Hermione
   Lo volví a ver el día del juicio. Lo declararon inocente, decían que no era plenamente consciente de sus actos, fuera cierto o no, a mi me valía. Su madre también fue liberada y su única condena fue una multa, demasiada alta para un mortal, aun que claro, él no era un mortal. A su padre si que lo condenaron a Azkaban, no recuerdo cuantos años. A la salida del juicio intente verlo, pero no fue hasta que una mano me arrastró a un rincón oscuro, donde pude volver a ver sus increíbles ojos.
-Yo- pero me beso, este era más demandante, pero lo respondí de la misma forma, me apretujó contra la pared e incluso me elevo de manera que enredé mis piernas en su cintura para sujetarme mejor, el gimió y yo también.
-¿Hermione?- Ese era Ron, me estaba buscando, se oía lo suficientemente cerca par que nos pudiera ver en cualquier momento, me coloque la ropa y él me sujeto por los hombros y me miró de forma penetrante.
-Te quiero Hermione- Se giro para irse pero yo le agarré por la muñeca, me acerque y le dí un casto beso en los labios, no se porque lo hice, solo se que lo hice, y después de hacerlo, fui yo la que salí primero.
   Habían pasado unos diez meses cuando lo volví a ver, estaba en la puerta de mi apartamento, con las manos apoyadas en las rodillas, respiraba de forma forzada, como si hubiera corrido una gran distancia y estuviera cansado. Levantó la cabeza y me miró muy serio, pero no estaba enfadado, parecía ¿preocupado?
-No te cases con él
-Lo rechacé
-Por favor escucha mis razones y después, espera, ¿lo rechazaste?- Yo asentí
-Lo rechacé
-Lo rechazaste- Eso lo dijo más para si mismo que para mi, tenía la mirada perdida hasta que la dirigió de nuevo hacia mi, y con rapidez me abrazó, con fuerza, y, antes de que pudiera asimilarlo me besó. Después de la sorpresa inicial comencé a responderle, rápidamente se volvió todo más pasional, y entre tropezones entramos en el apartamento, desperdigando la ropa desde la puerta de la entrada hasta la habitación, donde deje que aquellos sentimientos de mi pecho se sofocaran, igual que la pasión. Cuando me desperté por la mañana el me miraba con una sonrisa, y yo le respondí con otra-Te quiero Hermione.
   Fue complicado, al principio estuvimos solos, pero finalmente nos aceptaron, ahora veo a unos pequeños correteando por el jardín, mis nietos, mientras tanto, mis hijos con sus respectivas parejas están con nosotros charlando, en la mesa.
-¡Papá venid a jugar!- Y ellos se levantan sonriendo y corriendo tras los pequeños, y de esta forma yo me quedo sola con él.
-Te quiero Hermione
-Te quiero Draco.


Será

La lluvia me cubre
no se que hacer
no me siento sola bajo el manto lúgubre
me siento abandonada bajo la luz del atardecer.
No hay que tener miedo a morir solos,
al fin y al cabo ese será nuestro fin,
pero hay que temer a vivir sin compañía,
aquella que nos alegra la vida cada noche sombría.
Que ñoña me siento, 
¿será la lluvia?,
¿será la poesía?,
¿será esta terrible melancolía,
que me consume día tras día?

sábado, 7 de junio de 2014

Capítulo 19: Inaguantable

Inaguantable. Aquel viaje era lo peor. Después de dormir aquella noche en Piscis, al día siguiente volvimos a nuestra zona con la puerta ya arreglada, y todo volvió a la normalidad, de hecho todo era mucho más extraño, me mantenía al margen de todos, solo entrenábamos, de hecho a pesar de entrenar con todos en la misma sala solo los podía saludar con un "hola" y "adiós", y ahora, en un avión privado de la "compañía" que manejaba Draco, y a pesar de estar todos reunidos en los sillones yo estaba en una zona apartada con Scorpius, por que tenía que practicar el desarrollo mental, jugando al ajedrez, lo dicho, inaguantable
-Jaque mate- desperté de mi ensoñación-otra vez- comenzó a colocar las piezas de nuevo
- No puedo más, dejemoslo ya
- No- no me estaba ni mirando-otra vez- bufé- deja de bufar y coloca las piezas- comencé a colocar las piezas y vi como Pegasus me sonreía desde el sillón al que Scorpius le daba la espalda. Empezó el juego y cada vez que levantaba la cabeza Pegasus escribía en un papel que pieza y a que lugar del tablero debía moverla, Scorpius no levantó la cabeza hasta que hice el último movimiento y leí lo que Pegasus escribió en el papel
-Jaque mate- El avión se quedó en silenció, esceptuando lso aplausos de Pegasus que se me acerco y me dio un sonoro beso en la mejilla
- Muy bien preciosa ¿vamos?- yo asentí y fui con él a la zona de los sillones con el resto. Me tuve que sentar en el regalo de Pegasus ya que no había muchos sillones, había varias personas así, asíque yo no lo vi raro, aun que la continua mirada de Scorpius, porque notaba su mirada perforándome, parecía decir lo contrario.
Cuando aterrizamos había varios todo terrenos esperando y tres deportivos, nosotros cogimos uno de ellos. Podía cortarse la tensión con un cuchillo
-¿Estas enfadado?
-Si
-¿Porque por fin te gane al ajedrez?-Él sonrió, pero daba miedo, además no apartaba la mirada de la carretera, por lo que solo veía un perfil, el derecho, en conclusión, era siniestro
- No, no estoy enfadado por eso. Estoy enfadado por no darme cuenta antes de que Pegasus fue el que me ganó, y no tú-tragué grueso- Así nunca aprenderé a jugar al ajedrez
- Sé jugar al ajedrez, no se ganarte a ti
-Creo que debería haber ido en otro coche-Draco estaba sentado en la parte de atrás, lo mire por el retrovisor, sus ojos azules era lo que más destacaba sobre el fondo negro de los asientos y su pelo azabache. Me giré para preguntarle de una forma más cómoda
- No, ¿porqué dices eso?
-Bueno parece una discusión de nov-
-No- Scorpius le corto
-Pero y-
-No
-Pero yo sol-
-No
-Escorpio sol-
-No- Él chico suspiro, el coche volvió a quedarse en silencio y así fue hasta que el paisaje que Italia nos mostraba con sus pequeños pueblos con viñedos-Llegamos- Mire al frente y bueno, no podía describir con palabras aquella increíble belleza, todo el arte romano y griego antiguo estaba reflejado en aquella gran mansión, presidida antes por un pasillo por donde circulaban los coches hasta llegar a una gran fuente de agua enfrente a la puerta principal-¿Sin palabras?- Lo mire, estaba vez sus ojos miel si me miraban.
-Sin palabras

Capítulo 18: Shockeada

Shockeada. Dormir. Él. Conmigo. Estaba de coña ¿verdad? ¿¡verdad!?
-¿¡Qué!?- La voz estridente de Piscis me perforó los tímpanos- ¿Vas a dormir con, con, con esa?
-"Esa" como tú la llamas esta bajo mi protección, y no voy a permitir que sufra otro ataque.
-¡Estamos cerrados!¡Nadie puede entrar!- Scorpius la ignoró totalmente y, mientras aún estaba en shock, note como me alzaba y me ponía sobre el hombro, cuál saco de patatas, hasta la habitación
-Buenas noches- y cerro la puerta, yo sólo podía murmurar "em" "yo" "esto", no era capaz de decir ninguna frase completa, o coherente, incluso me había dejado en el suelo- Toma- Me tendió su camiseta, me daba su camiseta, lo que significaba que, ¿él no llevaba camiseta?¿él estaba SIN camiseta?, y efectivamente, estaba sin camiseta, no era la primera vez que lo veía sin camiseta, incluso menos ropa, pero, el hecho de dormir asi con él, así, era, buf, yo, me ponía ¿nerviosa?- Tú sigues con la ropa del entrenamiento y yo ya me había cambiado, no dormirás con esa ropa sudada, póntela- yo la cogí no muy confiada
-Gr-gracias- Él sólo asintió, fue hacia la cama y se tumbó,en un principio se dio la vuelta, dándome la espalda, aproveche para cambiarme, mientras lo hacía me fije en su espalda, una cicatriz en su omóplato derecho, estaba curada y parecía antigua, era más blanca que el resto de su piel morena, cuando quise darme cuenta estaba sólo con la camiseta de Scorpius y mi ropa interior, con una rodilla sobre la cama, y apunto de rozar la cicatriz con los dedos, al apoyar la rodilla la cama se hundió un poco y él se giró sujetandomela la muñeca antes de que pudiera retirarla, nos quedamos unos segundos mirándonos, no podía apartarme de sus ojos miel, pero él rompió la conexión
-Te queda bien- Soltó la muñeca y se giró totalmente hacia mi, cerrando los ojos
-¿Perdón?
-La camiseta- yo me tumbe muy poco a poco y le dí la espalda- Mejor ponte tú contra la pared- la habitación era exactamente igual al resto de las habitaciones de las otras zonas, la cama estaba contra la pared, enfrente de la puerta y a los pies de la cama, estaba en la puerta del baño, era exactamente igual al resto. Yo me giré sin protestas y ví como pasaba por encima de mi, como si hiciera flexiones, trague grueso y mire hacia la pared y note el calor que su cuerpo daba, se estaba acercando, o a lo mejor no, a lo mejor era mi imaginación- Mañana hay mucho que hacer, duerme- No, no era mi imaginación, me estaba susurrando en el oído, al mismo tiempo que su brazo derecho rodeaba mi cintura, si no me dormía de sueño, dormiría de un infarto, aun que claro me dormiría para siempre- Sólo duérmete- y por alguna razón, después de refunfuñarle, me dormí.
Me desperté cuando apenas entraba luz por las ventanas superiores en la habitación. Poco a poco mis ojos se adaptaron a la escasez de luz, estire el brazo e intente tocar la pared con la mano, pero en vez de algo duro y frío note algo cálido y blando, alce la cabeza y allí estaba, Scorpius, dormido, su pelo castaño caía deliberadamente sobre los ojos, parecía tan tranquilo, seguía aferrándome contra él, incluso parecía que lo hacía con más fuerza, por un momento solo quise olvidarme de todo y me acomodé a él, pasando mi brazo izquierdo por su cintura, escuchando sus latidos, su suave respiración, no se cuanto estuve así, y no me importaba seguir, pero todo se acaba, y en este caso fue la puerta abriéndose la que puso el punto final a ese momento
-Escorpio- Era un susurro- Escorpio
-¿Qué quieres ahora Piscis?- No se movió, simplemente susurro
- Nos da tiempo a pasárnoslo bien un rato en el salón, así no tendrás que separarte de ella- Aun que hablaba en susurro diferencie perfectamente el tono con el que dijo "ella"
-Te lo repetiré otra vez porque al parecer anoche no lo entendiste- se movió un poco y por alguna razón yo me aferre más a su pecho, y dejó de moverse- Fue un noche estúpida en la que estaba enfadado y tú me ofreciste beber en compañía, y acepté, lo cual fue un gran error, así que lo que ocurrió después no se volverá a repetir, y me da igual las veces que te cueles en mi habitación y finjas que ocurrió algo- La muy zorra- Así que lárgate y déjame dormir- Escuche un bufido mientras notaba como él se volvía a acomodar y me abrazaba y después un portazo, con el que seguramente me hubiera despertado si estuviera dormida, así que, fingí que me despertaba,
- Scorpius...- añadí un pequeño bostezo mientras me frotaba el ojo izquierdo
- Queda media hora para que el resto empiece a levantarse, vuelve a dormir- y me acerco más a él, si es que eso era posible.

Capítulo 17: Extrañada

Extrañada. Seguimos a "Padre" sin decir nada, era bastante ágil, al menos para la edad que parecía tener. Scorpius iba a mi lado y me miraba de vez en cuando como para asegurarse de que estaba bien. Entramos en la sala de "Padre", luego en la de reuniones y al final de la sala entramos por una puerta que daba a un despacho, ni muy grande, ni muy pequeño, había un espacio aproximado de dos metros hasta la mesa de madera, seguramente del Siglo XVI, voluminosa y decorada, detrás de la mesa un enorme sillón de color rojo sangre y detrás del sillón un semi-circulo formado por una estantería de libros de unos ocho metros de altura, daba la sensación que rodeaba el sillón. Delante de la mesa unas sillas a juego con el sillón, recubiertas de tela roja, pero lógicamente de menor tamaño, en una de ellas se encontraba sentada Piscis y en la otra Pegasus, pero no sentado, si no apoyado en el respaldo.
-¡Antares!-Pegasus se me acerco y me abrazo-¿Estás bien?- Me miro a los ojos muy de cerca, le iba a responder pero Scorpius me alejo estrepitosamente de los brazos de Pegasus.
-Está bien
-¿Y tú como estás?- Piscis comenzó a acariciarle la pierna muy suavemente con la mano
-A la que atacaron fue a mi- Ella ni me miró
-Pero él tuvo que rescatarte
-Me encargué yo sólita- Mi cabreo ascendía a grandes velocidades
-Ya claro
-¡Silencio!- "Padre" ya estaba sentado en el sillón- Debido al suceso de hoy, probablemente y sintiéndolo mucho tendré que reenviar a Antares a Piscis, donde pensaba mandarla en un principio- Todo la sala quedo en silencio, hasta que Scorpius apoyo sin ninguno delicadeza las manos en la mesa y se hecho hacia delante, aproximándose a "Padre"
- Antares es de Escorpión, y hay permanecerá
-¡Es mi decisión!- Scorpius se quito de la mesa y se colocó detrás de mi, abrazándome posesivamente. "Padre" suspiro frustrado- Esta bien, por ahora no haré nada, hacéis un gran equipo y sería nefasto deshacerlo, pero esta noche por seguridad tú- Me señalo- dormirás en Piscis, y tú- señalo a Scorpius- dormirás en Pegasus.
-¿Seguridad?
-Estropeaste el sistema de las puertas, no podéis dormir en Escorpión esta noche
-No me voy a separar de ella, está bajo mi protección-"Padre volvió a suspirar
-De acuerdo, ambos a Piscis- La muy zorra sonrió-¿Alguna objeción?- Nadie dijo nada, aun que yo no estaba precisamente de acuerdo- Bien, pues a dormir
-"Padre" espera- él que ya se levantó me miró
-¿Si?
-¿Cómo entró el atacante?- Él hizo una sonrisa ladeada
-En la sala de entrenamientos había un ventana rota- Aprovechando que Scorpius me había soltado, Pegasus puso una mano en mi hombro para llamar mi atención.
-Vamos- Scorpius estaba ya en la puerta con Piscis agarrada de su brazo, más bien colgada de él, los seguí resignada, pero me gire
-¿No vienes?- Pegasus negó con la cabeza
- No, yo hablaré con "Padre"- Yo hice un leve asentimiento de cabeza y salí por la puerta
El camino hasta la zona de Piscis fue incómodo, al menos para mi, por dios ella estaba completamente colgada de su braza y él se mostraba impasible, y al llegar la cosa no mejoró.
-Tú- me señalo- dormirás en la habitación que eligas, menos esas dos- señalo las puertas más cercanas- que son de Alrisha y Linteum- yo asentí- y tú- dijo muy cerca de Scorpius, casi encima de él- Dormirás conmigo- yo me gire dispuesta a encerrarme en alguna de las habitaciones a vomitar por aquella asquerosa escena
- No- Me gire sorprendida, Scorpius me miraba serio, pero Piscis boqueaba incrédula- dormiré con ella