jueves, 12 de marzo de 2015

Capítulo 23: Estresada

Estresada. Si dijera que había sido la peor semana de mi vida, o de eso a lo que llamaba vida, me quedaría corta. No solo me había tenido que encargar de vigilar a Vichenzo, oh no, eso hubiera sido un paraíso. Quizás es porque había estado aislada del mundo una temporada, pero los críos eran cada vez más maleducados, incluso niños, de trece años, pero niños, intentaban ligar conmigo como los típicos babosos de bar.
Flashback
"-Disculpe señorita Jonhs, ¿tiene algún libro contra el agotamiento sexual? No quiero no poder hacer los exámenes- ¿Qué crio en sus cabales quería hacer exámenes?  Hasta yo había fingido estar enferma alguna vez.
-Me temo que no, tendrás que practicar para poder escribir con la otra mano"
Fin flashback
Lo único bueno de aquella semana era que todo parecía en orden. Después del primer día llegábamos antes de que empezaran las clases y hacíamos un repaso exhaustivo al edificio para asegurarnos de que no hubiera nada fuera de lo normal; durante las clases estaba el grupo de Pegasus fuera para la protección del niño,  mientras que nosotros ejercíamos nuestras supuestas profesiones para no resaltar, y durante los descansos nos asegurábamos de estar en el turno de guardia, de manera en que al menos unos de nosotros tuviéramos en vigilancia al niño, además habían conseguido que Sabrina fuera infiltrada como médica de aquel colegio.
Por suerte era la última hora del viernes, si bien es cierto que las tardes eran más amenas, a pesar de llegar a la mansión a las siete, volvería sin dudarlo a la anterior rutina, todo antes de volver con aquellos mini-monstruitos. Tenía tantas ganas de acabar que aprovechando que era Scorpius el que se encargaba de esperar al niño aquel día me dirigí a la enfermería para descansar de aquella farsa y ya de paso para que Sabrina me diera algo para el dolor de cabeza que me provocaban aquellos mocosos, pero cuando llegue no me esperaba para nada lo que estaba viendo.
-Hola Martha-  Dentro de la enfermería además de ella estaba el profesor de literatura Andreas Zabini, con un brazo apoyado en el escritorio en el que Sabrina parecía intentar escribir algo.
-Hola Señor Zabini- Aquel hombre daba náuseas,  no porque no fuera guapo, por dios parecía esculpido en mármol por el mismísimo Bernini, pero era un mujeriego, tenía familia, incluso dos niñas, pero parecía no importarle, conseguía a la chica que quería, y a la que no conseguía por las buenas lo hacía por las malas, no es que hubiera violado a ninguna, pero tenía varias denuncias por acoso sexual que mágicamente siempre acababan desapareciendo, y Sabrina parecía bastante incómoda y cohibida
-Por favor, tutéame, somos "colegas"- Sonrió como debía de sonreír a aquellas chicas indefensas que caían rápido a sus pies.
-Prefiero no hacerlo- Parecía que estaba dominando perfectamente la situación pero si te fijabas la pobre estaba temblando, se levanto del escritorio hacia una estantería con diferentes materiales y medicamentos
-¿Porque no?- Él no había tardado en acercársele y susurrarle a la oreja, o por lo menos, es lo que parecía. Sabrina estaba atrapada entre él y la estantería, por como movía los pies creo que quería girarse y encararlo pero él no se lo permitía - Creo que tú y yo podríamos pasarlo muy bien-Desvergonzadamente comenzó a subir una de sus manos por la pierna de Sabrina, levantando la falda de tubo, ella se paralizo totalmente. A pesar de que aquella caricia a la vista parecía un suave roce, estaba segura de que para Sabrina se asemejaba más bien a una cuchilla afilada rozándole dolorosamente. Me decidí a entrar interrumpiendo aquel paripe y pararle los pies a ese Don Me-lo-tengo-muy-creído cuando algo me arrollo
-Creo que debería tener más cuidado con lo que hace Señor Zabini, podría tener problemas- Sabía perfectamente de quien era la voz, y sonaba brusca, y aunque era en un tono bajo se podía notar la furia a kilómetros. Gustav tenía sujeto a aquel medio-hombre por la camisa y prácticamente lo levantaba del suelo. Tenía que reaccionar.
- Pare, ¡pare!- Lo soltó bruscamente y miro hacia mí, tenía los ojos inyectados en sangre y la respiración entre cortada, le sujete un brazo como pude y lo moví hasta poder ponerlo detrás de mi mientras Andreas se tocaba el cuello con cara de dolor desde el suelo, al que había caído después de que Gustav lo soltara de forma brusca
-¿Está loco o que le pasa? ¿Quién es usted?- Andreas tenía la voz ronca por el intento de asesinato que había sufrido. Tenía que inventarme algo rápido si quería que toda nuestra tapadera siguiera en pie.
-Es...es un padre, sera mejor que se vaya Señor Monte Negro, su, su hijo tiene que aprobar por su cuenta no por que usted, venga aqui amenazando aprobará, haga el favor de irse, Martha- Miré a Sabrina aún apoyada en la estantería- Haga el favor de acompañarlo a la salida- Ella asintió y con pasos temblorosos y rápidos tiro de la manga de la camisa de Gustav y lo saco de aquella habitación.
-No sé quien será su hijo pero ese hombre está loco, buscare el historial de su hijo y lo denu
-¡NO!- Andreas, que ya estaba de pie me miro interrogativamente- Es decir, no, mejor no, al fin y al cabo solo era un hombre enfadado con su hijo, además, em, usted es muy buen profesor, si no le suena el nombre de Monte Negro será que fue el padre el que se equivoco de profesor y es mucho papeleo en la comisaria, em, ¿no cree?- Por dentro no para de suplicar que lo aceptará, que simplemente se fuera, que se largara a casa o donde fuera menos a una comisaria
-Tienes razón- Suspire profundamente aliviada- Además podríamos quedar usted y yo- Mierda- ¿No cree Señorita Jo
-Preciosa pero si estás aquí- Me gire y vi a Scorpius acercándoseme con una sonrisa dulce, o que para el podríamos decir falsa- Te he estado buscando- Paso su brazo por mi cintura al mismo tiempo que me daba un beso en la mejilla cerca de la comisura de los labios- Señor Zabini no le había visto, disculpe la interrupción pero tenemos que irnos- Dirigió su mirada hacia mí, dios estaba demasiado cerca, ¿porque estaba tan cerca?- Tenemos reserva y sabes que no me gusta llegar tarde
-¿Ustedes están, em, juntos?- Ambos lo miramos, Scorpius con una sonrisa y yo con una amago de ella
- Claro, ¿preciosa no le has enseñado el anillo?- Miro hacia mi mano y de nuevo a mis ojos- Ya sé que crees que es muy ostentoso pero, ¿como si no iba a alejar a los buitres de ella?- Lo miro, serio- Usted debe de saberlo bien, al fin y al cabo, tiene mujer y dos hijas si no me equivoco- Comenzaba a notarse una sutil tensión en el ambiente no precisamente agradable.
- Si- Arrastro la "i" con desgana y se aclaro la garganta- Sera mejor que me vaya a casa, con mi mujer y mis hijas
- Eso mismo pensaba yo- Andreas se fue por la puerta, parecía algo confundido. Una vez hubo desaparecido y cuando ya no se oían las pisadas Scorpius soltó su agarre sobre mi cintura- Vámonos- Comenzó a andar, me consto un poco despertar y seguirle pero una vez acelere el paso me coloque a su lado
-¿A dónde vamos?- Él esbozo una tenue sonrisa
- A por un anillo.


martes, 27 de enero de 2015

Capítulo 22: Agotada

Agotada. Estaba que no me mantenía en pie. Cuando Scorpius dijo que iba a ser un entrenamiento duro no me imaginaba ni la mitad de lo que era. Como obviamente debíamos centrarnos en la seguridad del niño no podíamos distraernos mientras entrenábamos, así que obligatoriamente, me tenía que levantar a las cinco de la mañana y correr a lo largo de toda la villa, practicar puntería y demás cosas que me salvarían la vida, aunque a esas horas estaba siempre tan dormida que lo hacía de forma mecánica,  no me acordaba de nada después. Por la noche era el grupo Piscis el que se encargaba de su protección, el resto del día íbamos a todas partes con el niño,  en un principio estaba bien, la mayor parte del tiempo se dedicaba a leer o a dibujar en su habitación o en algún lugar de la enorme y demasiado "marmolizada" mansión,  el problema llego cuando empezaron sus clases.
-Tenéis que ir de incógnito.
-¿Perdón?
-Ir se incógnito signific-
-Se lo que significa- Quizá interrumpí de forma demasiado brusca a mi compañero,  pero últimamente era algo inevitable.
-Entonces pequeña no veo el problema- Volví a mirar a "Padre"
-Se supone que los Yamaguchi-gumi deberían saber que estamos aquí,  ¿por qué el escondernos?- "Padre" sigo sin cambiar esa sonrisa amable que siempre estaba en su cara
-Hace mucho que no duermes, ¿verdad?- Involuntariamente mire a Scorpions reprochandole pero el ni se inmutó- Si vais de incógnito será más difícil que os capturen y que se lleven al niño,  llamareis menos la atención, y dudo, pequeña,  que quieras entrar en un quirófano tan temprano- Me enderecé ante aquellas palabras
- No "Padre"- Su sonrisa pareció mayor después de esa respuesta.
-Bien- Se levantó de la silla entusiasmado como un niño- Escorpión ya tiene los sobres con vuestras identidades, os vais mañana con el niño,  así que,  estudiad mucho- Sin darme cuenta, a medida que nos decía aquello nos acercaba a la puerta,  prácticamente,  nos hecho. Yo bufe exasperada, y sin hacer ningún comentario Scorpius empezó a andar. Desde lo que había pasado el día que llegamos nuestras conversaciones se resumían a palabras claves para saber en que situación y lugar se encontraba en niño si estábamos en lugares distintos,  ni siquiera para  despertarme me hablaba, simplemente me daba un toque en el hombro hasta que habría los ojos y luego iba a directo a entrar por su cuenta hasta que yo llegaba. Estaba tan distraída que ni siquiera note que ya estábamos habitación, la puerta corredera estaba abierta y Alrisha y Linteum se dedicaban a jugar con él niño mientras que Piscis observaba por la ventana y jugaba distraidamente con un cuchillo que hacia pasar de forma rápida entre los dedos de su mano derecha.
-Podéis iros, nosotros nos encargaremos a partir de ahora- Ellas simplemente asistieron y sin fueron sin mediar más palabras que las de despedida hacia el niño, ni siquiera Piscis, en su afán por llamar la atención de Scorpius, dijo ni hizo nada, creo que todos estábamos demasiado cansados, y nuestras energías se dedicaban única y exclusivamente a la protección de esa familia.-Toma- Me giré y vi a Scorpius tendiéndome un sobre, que cuando alce la mano para cogerlo, prácticamente dejo caer, mi paciencia era limitada, y él no ayudaba nada.
-Supongo que seremos profesores
-Mal Novata- Se sentó en la cama y dirigió una pequeña mirada al niño que dibujaba algo en un cuaderno que hace poco él mismo le había dado- Si fuéramos profesores tendríamos que dar clases y no podríamos estar cien por cien atentos a lo que le ocurre a él- Me negué a mi misma a decirle nada, simplemente abrí en sobre. Bibliotecaria, allí ponía que era la bibliotecaria.
-Espera, espera, espera, espera- Él me miró y alzó una ceja- Hace una semana repasamos todo el personal, se supone que no había bibliotecario porque no hacía falta, es una "biblioteca moderna", ¿no?
-De verdad necesitas dormir Novata
-¿Y de quien crees que es la culpa?- Como si no hubiera dicho nada él siguió hablando
-Como no es necesaria bibliotecaria tú podrás estar pendiente del niño sin llamar la atención
-¿Y tú?
-Orientador- ¿Orientador? Pobres niños
-Ajá, ¿ y estas seguro de que-?- Me interrumpieron unos golpes en la puerta, por la que apareció la dueña de la casa
-Scussi, ¿podría parlare un momento con usted?
-¿Conmigo?- Ella asintió y yo salí fuera de la habitación.Una vez fuera me tendió unas bolsas.
-La scuola a la que asistiréis es de mucho prestigio, esto es para entrambi*- Yo empece a balbucear intentando agradecerle mientras ella solo sonrió- Questo è un regalo, no se devuelve- Y después de eso solo pude asentir sonriendo. Volví a entrar en la habitación
-¿Qué queri-?
-Para ti- Le deje las bolsas despreocuapadamente sobre la cama encima de los papeles que estaba mirando y me dirigió hacia en niño sin siquiera mirar a mi compañero, aunque sabia perfectamente, que no le había hecho ninguna gracia que arrugara sus "amados" informes- ¿Cenaste?- El niño asintió tímido como siempre-¿Te lavaste los dientes?- Volvió a asentir- Pues a dormir campeón- Mientras en niño asentía de nuevo por la puerta apareció Alrisha- ¿El resto?
-En la puerta de guardia esta Piscis, en el balcón Linteum- Me giré, efectivamente ella estaba allí, seguramente escalo desde la parte exterior- Yo asentí
-Bien, os lo encargo- Ella movió la cabeza afirmativamente y mientras cerraba la puerta corredera escuchaba como, de forma cariñosa, aceptaba a las suplicas del pequeño de leerle un cuento antes de dormir, a pesar de tener doce años era un niño dulce y bueno, y no se merecía nada de aquello. 
Scorpius había retirado las bolsas de la cama y seguía leyendo los informes. Sin inmutarme lo más mínimo me quite la ropa dándole la espalda, quedándome solo con la interior, y me puse una camiseta para dormir, me metí en la cama aprovechando esas horas extras que pensaba tener de sueño y sin que nada más que unos sonidos de hojas moviéndose interrumpiera en proceso.
Me desperté con él ruido de la puerta del baño abriéndose estrepitosamente y me levanté de forma perezosa.
-Ya iba siendo hora- Sin mirarlo a la cara cogí mis bolsas y pase de largo entrando en el baño y cerrando la puerta. Media hora después, vestida, peinada y maquillada con todo lo que había en las bolsas me quede mirando mi reflejo en el espejo, hacia mucho que no me vestía así, ni me preparaba así, ni nada así. Llevaba una camisa blanca, una falda de tubo negra y unos tacones negros bastante cómodos, era todo muy sobrio pero perfecto, se amoldaba a mi como una segunda piel, y me encantaba.
-Novata, Pegasus ya salió con el niño, te espero abajo, tienes cinco minutos- Oí como la puerta se cerraba y después de un último repaso y de coger todo lo necesario salí de la habitación y baje las escaleras de mármol. Abajó estaban Scorpius, Draco y Gustav, estos dos últimos me daban la espalda, pero se dieron la vuelta en cuanto vieron que Scorpius había dejado de hablar sin más.
-Schön
-Guau- Gustav y Draco sonaron halagadores, a pesar de que Gustav lo dijera en alemán y de que Draco solo gesticulara y dijera "Guau", pero Scorpius no decía nada, simplemente se me quedo mirando de una forma indescifrable, hasta que de repente, como si despertara, se giró y comenzó a caminar hacia uno de los dos coches que estaba fuera, yo me despedí rápidamente de los chicos y le seguí, se giró de golpe cuando estaba muy cerca provocando que retrocediera sorprendida y me tiro unas llaves
-Gustav me enseño el camino ayer, sígueme en ese coche, pero no muy de cerca- Yo asentí- Y por favor, no te pierdas, sería una molestia tener que volver a por ti- Se estaba metiendo en el coche cuando le cerré la puerta de golpe provocando que cayera en el asiento, y ante su mirada incrédula me fui al coche que se me había asignado.
-¿Cuando crees que se darán cuenta?- Gustav miraba a Draco, le parecía bajito para ser un chico, claro que comparado con él, todos eras más bajos
-Veinte a que al final de esta misión.
-Doble o nada a que una semana antes de que acabe la misión- Draco levanto una ceja escéptico, pero apretó la mano que le tendía Gustav.
-Hecho

*Entrambi: ambos en italiano

jueves, 20 de noviembre de 2014

Capítulo 21: Pensativa

Pensativa. No entendía a que se refería.
-¿Perdona?- Me miro durante unos segundos fijamente, y al ver mi respuesta simplemente siguió poniendo las cosas de la maleta en el armario, sin mirarme ni una vez más.
-Sabes a lo que me refiero.
- No, no tengo ni idea, si supiera de lo que hablas no te lo preguntaría ¿no crees?- Seguía sin mirarme- Mira me cuando te habló- Dejó con fuerza la última de sus camisetas en el armario y lo cerro.
- No te acuestes tarde, mañana nos levantaremos temprano para entrenar - Y sin más, se fue- Resople con fuerza y me senté en la cama, cada vez lo entendía menos, a veces era terriblemente esquivo, la mayor parte de las veces, y luego otras era posesivo y al mismo tiempo cariñoso. Tan centrada estaba en mis pensamientos que no me di cuenta de que la puerta que separaba nuestro cuarto y la del niño que debía proteger, se abrió.
-Scusi...- Vi a un muchacho, de unos doce años, debía de ser Vinchenzo.
- Hola- Le sonreí, parecía asustado- Eres Vinchenzo ¿verdad?- Él asintió algo cohibido- Yo soy Antares, y voy a cuidar de ti, bueno yo y mi compañero- El niño solo asintió, parecía cohibido. Simplemente se disculpo y entró rápidamente en su habitación, que día más raro tenía todo el mundo.Me decidí a disfrutar, si mañana empezaba el entrenamiento, era mejor hacerlo ahora. Vague sin rumbo fijo durante media hora hasta que finalmente, y después de recorrer todos aquellos pasillos de mármol, con cuadros en todas partes, encontré una salida al jardín. Era un hermoso y enorme jardín, con una fuente en el centro, que más que una fuente parecía una piscina olímpica circular con angelitos en mármol por donde salía el agua, detrás de esta, un pasillo, marcado por pequeños arbustos perfectamente recortados que llevaban a un laberinto, y claro, dada mi curiosidad, no pude evitarlo, entre. Los muros eran de enredaderas y arbustos realmente altos, quizás tendría que subirme sobre los hombros de Gustav para poder ver desde arriba la salida. Después de girar un par de veces a la izquierda y otro par a la derecha confirme, que no tenía ni idea de donde estaba, y cuando mi paciencia escaseaba y estaba a punto de escalar los malditos muros, lo oí, era un ruido sordo, como el de alguien al caer al suelo, no pude evitarlo, empece a correr buscando lo que produjo ese sonido, cualquiera podía ser el herido, volví a escuchar ese ruido y fui capaz de llegar, pero para nada me esperaba lo que vi, Sabrina había agarrado por el brazo a el que parecía ser Gustav, y lo había tumbado con un solo giro.
-Muy bien ratona- Se levanto con algo de dificultad- Te dije que te enseñaría ¿no?- Sabrina asintió con una sonrisa cansada.
-Aun que creo que por hoy esta bien-
-Estoy de acuerdo- Se sentó de golpe en el suelo y agarrando del brazo a Sabrina se la llevo consigo, colocandola en su regazo. Ella no raciono al principio pero no tardo en ponerse totalmente roja.
-¿Qu-que haces?- Se removía inquieta como un ratoncito en una jaula.
-Descansar- La tenía fuertemente aferrada contra él, y yo ví en ese momento que sobraba, así que con cuidado y discreción comencé a caminar hacia atrás  para continuar mi camino, cuando me choque con algo, iba a gritar pero mi boca estaba tapada,  comenzaron a arrastrarme y por muchas patadas que diera no me soltaba hasta que al final el secuestrador de turno habló.
-¿Quieres estarte quieta?- Me soltó y me gire, encarandolo
-¿Que narices haces?¿ No puedes tocar el hombro como una persona normal?- Él solo bufo
-Te anda buscando, por no se que de no estar cuando tenías que estar, no para de refunfuñar por toda la casa- Lo mire escéptica.
-¿Y tú como sabías donde estaba?- El solo se encogió de hombros
-Me tocan los alrededores y estaba echando un vistazo antes de mañana. Aun que creo que eso me lo puedes preguntar mañana, hoy estas en problemas.
-Ese subnormal descerebrado que se cree un padre o un abuelo, engreído, sin vergüenza y...
- Si , si, sois iguales, tú también estas refunfuñando, corre- Asentí de mala gana y empece a correr hacia la casa.
-¡Gracias Draco!- Él solo levanto la mano a modo de saludo militar mientras sonreía despreocupadamente.
Después de hacer la carrera y entrar en la habitación de golpe vi que no había nadie en la habitación, me enfade, tantas prisas para eso. Estaba enfadada, necesitaba una ducha, cogí una muda y una camiseta grade y puse la música todo lo alto que pude mientras entraba al baño, cuando me estaba quitando la ropa oi como el agua se encendía, me asuste y grite, la cortina se abrió de repente dejando a Scorpius mojado y desnudo delante de mi, mientras que yo estaba simplemente en ropa interior, me gire para no verle.
-¿¡Que haces!?- La puerta del baño no se habría y yo me estaba poniendo más nerviosa si se podía
-¿¡Que haces tú!?¿¡No oíste la ducha!?- Parecía, por el ruido que hacia, que él también tenía problemas para hacer lo que estaba haciendo, que por su bien debería ser buscar una toalla.
-¡Esta conversación es como la de antes! ¡Si la hubiera oído, no habría entrado! ¡Además tenía la música muy alta y...!- Y como una estúpida me gire para seguir gritándole, el salia como día de la ducha, se resbalo, y cuando nos quisimos dar cuenta su cara estaba a escasos milímetros de la mía, ambos contra la puerta, agitados, respirando de forma fuerte, muy cerca, piel con piel, sus ojos, me encantaban sus ojos, y de cerca parecían tener brillos dorados, e incluso grises, ya no sabía ni lo que decía, y cada vez parecíamos estar más cerca, pero la canción cambio, y sonó de forma tan fuerte que pareció despertarnos a ambos.
-Yo, yo voy a, ya acabe así que, emmm
-Si yo, yo también voy, bueno yo me quedo pero si eso es lo que, en fin- Le deje un hueco, y esa puerta que tanto se me había resistido se abrió sin más, el salió, y yo me quede dentro, parada, escuchando la música y el agua caliente llenarlo todo, me quede allí, pensando, ¿que narices acababa de pasar?, nada, eso es, no había pasado nada. Negué con la cabeza y me metí en la ducha, como si los pasados cinco minutos fueran un vació en mi memoria, y listo. Salí de la ducha, él ya estaba tapado hasta los topes en la cama, me fui a la otra donde estaban mis cosas y me metí. Di mil y una vueltas hasta que lo escuche
-Mañana sera un día duro, así que duerme- Bufe
-Buenas noche a ti también.

viernes, 20 de junio de 2014

Capítulo 20: Impactada

Impactada. Por dentro aquella mansión era mucho más impresionante, si el exterior te dejaba sin palabras el interior era capaz de dejar tu mente en blanco. Después del gran portal inicial de mármol blanco pasabas a un gran recibidor, y paralelo a la puerta había una escaleras, lógicamente también de mármol, aun que los escalones estaban recubiertos por una tela roja, más concretamente un rojo sangre, con una barra de sujeción dorada en cada escalón para evitar que la tela se moviera de su lugar, la escalera ocupaba todo el gran vestíbulo, y a medida que subía se iba haciendo más estrecha, además de tomar forma de escalera de caracol. En el vestíbulo había dos portones a los lados, tanto de la gran puerta como de la escalera, todo era mármol. "Padre había sido recibido por un hombre grande, y algo orondo con una gran sonrisa, que nada más verlo le abrazo con fuerza y le dio dos besos en cada mejilla que nos dejaron a todos algo, impresionados digamos. Comenzamos a caminar tomando el gran portón de la derecha, la diferencia entre el suelo y el techo era de al menos ocho metros de altura y además de algún que otro jarrón había cuadros de hombres, algunas mujeres incluso, seguramente fueran todos los miembros notables de la familia. Yo iba tan distraída que no me di cuenta de que pararon y me choque contra la espalda de Pegasus, que me sonrió y me giño un ojo, al mismo tiempo que su mano izquierda pasaba por mi cintura provocando que me moviera y me colocara delante de él, una vez me encontré al lado de Scorpius afianzo su agarre en vez de soltarlo, por un momento temí que los instintos sobre protectores que parecían haber aflorado esa semana salieran a la luz, pero se mantuvo recto y en su sitio. Permanecimos parados antes una puerta hasta que finalmente esta se abrió y nos permitió pasar, lo que provoco que Pegasus me soltara indicándome que debía ir con Scorpius, cosa que hice, algo temerosa pero lo hice. Aquella sala en la que nos encontrábamos era pequeña teniendo en cuenta las dimensiones del resto de la mansión, a pesar de ello entramos todos los grupos.
-Bien, chicos este es Angelo di la Fontain, el padre de Vinchenzo. Como sabéis durante lo que dure el ataque a su familia nos quedaremos aquí protegiéndola. Angelo, estos son mis chicos- Alguien carraspeo- y chicas por supuesto
- Autenticas bellezas por lo que veo- Angelo era el típico italiano que sabía elogiar a una mujer
-Querido- todas las cabezas, absolutamente todas se giraron hacia una pequeña puerta de color blanco que había al fondo de la estancia, allí se encontraba una mujer con las piernas más largas y torneadas que hubiera visto yo en mi vida, llevaba un vestido de color rojo sangre, que parecía ir completamente a juego con la tela que cubría las escaleras, y que además se ajustaba completamente a su cuerpo, su pelo algo ondulado era completamente negro y estaba tan bien peinado que no había un solo pelo rebelde que osara deshacer esa perfección, pero lo que más destacaba eran aquellos hermosos y brillantes ojos verdes sobre su piel morena, la que, incluso solo con la mirada podías percibir su suavidad, además, estaba completamente segura que olía a vainilla y canela. La mujer se desplazo grácilmente por la sala atrayendo todas y cada una de las miradas, tanto de los hombres como de las mujeres, era increíble como parecía flotar sobre aquellos tacones de aguja. Llego hasta su marido, al cual le sacaba una cabeza, casi dos más bien, y le dio un beso suave en los labios, aun que fue dado con tanta sensualidad que parecía una visión no apta para menores de dieciocho
-Aun que ninguna tan bella como tú, amore- La mujer sonrió con suspicacia
- Es cierto que son hermosas, y estoy segura que si no fuera por esas toscas ropas dejarían a más de un muchacho impactado
- Y lo hacen querida Antonietta, pero mis chicas deben proteger su vida, y la vuestra por supuesto, para eso estamos aquí- los tres se rieron- Bueno, iniciemos las presentaciones formales. Escorpión, acercaos- Esos eramos nosotros- Este es Escorpión- Dijo señalando a Scorpius- y ella es Antares- me señalo a mi, yo sonreí- Se encargaran de la seguridad vuestra y vuestro hijo, principalmente del niño, ya que Géminis, acercaos por favor- Gustav y los gemelos se acercaron- como les iba diciendo el grupo Escorpión se encargara de vuestra seguridad y de la del niño, principalmente se encargaran del niño, por lo que cuando ustedes no se encuentren con él el grupo de Géminis formado por Gustav, este se inclino tomando la mano de Antonietta y besándosela 
-Señora- después tomo la mano del hombre y se la estrecho- Caballero, será un honor que cedan su vida a mi cargo, y al de mis compañeros.
- Siempre tan caballeroso- "Padre" sonrió- como iba diciendo ellos son Alhena y Castor, se encargaran de sus seguridad completamente- Antonietta nos miro a Scorpius y a mi
-Por favor seguidme, os mostraré la habitación en la dormiréis- Antonietta nos guió fuera de la sala mientras "Padre" hacia el resto de las presentaciones. Los pasillos eran muy parecidos entre ellos, no llevaba media hora allí y ya creía haber visto todo el mármol que puede ver una persona a lo largo de su vida. Finalmente después de subir unas escaleras y recorrer unos cuantos pasillos nos encontramos frente a una puerta de madera, igual a la del resto de la casa, ella la abrió- "Padre" nos aviso de que serían dos personas las que se encargarían de mi hijo, por lo que trasladamos a Vinny a la habitación contigua a esta, como podéis observar están unidas por esa puerta corredera, os dejaré que os acomodéis- Una vez nos dejó solos comencé a fijarme en la habitación, parecía la habitación de un gran hotel, tenía dos camas perfectamente blancas y sin una arruga, el suelo era de madera, totalmente brillante y sin un rasguño, tenía incluso una pequeña chimenea y un sillón, rojo sangre por supuesto, que contrastaba con el color blanco de las paredes y las camas. Había un pequeño balcón, que tenía unas perfectas vistas  al jardín trasero, que estaba compuesto por una gran zona verde y un inmenso laberinto, y en el centro de este, parecía haber una fuente, aunque debido a la magnitud del terreno no podía apreciarlo en su totalidad, volviendo a la habitación, en ella también había un baño propio, que era incluso más grande que mi habitación de la zona de Escorpión, la puerta corredera de la que nos había hablado la señora di la Fontain era como dos puertas normales, y era de color blanco a diferencia de las puertas de los pasillos, el pomo era de color dorado y brillante, justo cuando me disponía a ver la habitación que se encontraba al otro lado de aquella puerta una voz me saco de mi ensoñación
-¿En que se supone que estabas pensado?

miércoles, 11 de junio de 2014

Recuerdos

(Esta historia la hice para un concurso sobre el maltrato, es ficción y todo lo que se asemeje a la realidad es pura coincidencia)

Todo esta oscuro, ¿dónde estoy?, ¡ah!, ya sé, poco a poco recuerdo, el primer día que me hablaste, yo no sabía que hacer, tú eras el chico guay, y yo la tímida con la que no hablaba nadie, la rara que se sentaba delante.
Me saludaste, me mirabas tranquilo, con tu cara a la altura de la mía, por suerte estaba sentada, si no seguramente me hubiera caído.
Te respondí algo más cortada, no estaba segura de lo que querías, ¿deberes?, no, tú estabas un año por encima de mi, ¿amistad?, no, aquello era imposible. Dijiste que me buscaba un profesor, claro, eso era, una parte de mi se sentía desilusionada, te fuiste hacia la puerta y yo volví a hundir la cabeza en aquel libro, y sin esperarmelo me llamaste, por mi nombre, y me ofreciste compañía mientras sonreías, y yo te devolví tímidamente la sonrisa, quizás ahí empezó todo.
Todo se torno oscuro de nuevo, estaba en tu regazo, llorando, me acariciabas el pelo y susurrabas palabras de alivio. Yo negaba con la cabeza mientras me escondía de mi misma en el cuello de tu camisa, me propusiste que saliéramos, no me lo esperaba, estaba sorprendida, feliz y al mismo tiempo tenía miedo, alce la cabeza, dijiste que así dejarían de molestarme, baje de mi nube, pero en parte algo normal, al fin y al cabo, ¿como iba yo a gustarte?, nos levantamos, se acababa el tiempo, y mientras sonaba la timbre de clases me diste un suave beso en la frente y me acariciaste la mejilla.
Un salto en el tiempo, un año después de aquello más o menos, volvía a estar sobre tu regazo, pero esta vez me besabas con dulzura en los labios. Afirmaste que no dejarías que me hicieran daño. Fue un primer beso perfecto, quizás porque las mentiras hacen la vida más bonita.
Otro salto, otra vez oscuro, otro recuerdo. Tú último año en el instituto. La palabra zorra salió por primera vez de tus labios, y todo, por culpa de mi ropa. Me tenías aprisionada contra la pared, casi no tenía voz y tu mano contra mi garganta no me dejaba respirar. Las lágrimas que había intentado contener surcaron mis mejillas, apartaste la mano de mi cuello y me besaste con dulzura acariciando la mejilla marcada con un surco violacio. Me dijiste que lo hacías porque me querías, lo dijiste en un susurro que había escuchado en muchas ocasiones, y en todas ellas, me lo creí.
Oscuridad, no espera, algo brilla, es un pequeño foco de luz, y vibra, mi móvil, otro mensaje tuyo, ya son diecisiete, no ha pasado medias hora desde que hable contigo, intenté llamarte pero la música estaba muy alta así que salí a fuera, pero tú ya estabas allí, y sin poder mediar palabra me golpeaste. Después de varias patadas me agarraste del pelo y tiraste hacia arriba, el dolor me dejo muda.
Me gritabas, sé que me gritabas, pero yo ya no te oía, tus insultos eran cada vez más fuertes, aun que no podía oírte estaba segura de que era así, era una rutina. Los golpes continuaron hasta que sentí que no tenía fuerzas para mantener los ojos abiertos.
Otro cambio, esta vez es todo blanco ¿habría muerto?, si, posiblemente si, no, espera, escuchaba un susurro, la voz de mi madre, si, era ella, pero parecía lejana, algo sobre unas flores. Abrí los ojos y me recosté como pude, y entonces vi con claridad a mi madre, se acerco y lo primero que hice fue preguntar por ti, pero ella se mostró tajante y sería, no quería que te volviera a ver, yo no entendía nada, pero entendí menos cuando ella se pudo a buscar en su bolso, y cuando después me tendió un espejito de mano. Yo lo abrí y me vi reflejada en él, me mostró a mi realmente, sin el maquillaje, mi  cara era una mezcla de colores, morado, rojo y un poco de moreno. Lo que más destacaba además de la mezcla de colores era un gran corte en el labio y otro, algo más pequeño en la ceja derecha, y había más y más heridas, sólo en mi cara, y entonces, frente a ese reflejo, reaccione de todos los te quiero y todas las flores con las que me demostrabas "tu amor". Durante mi estancia en el hospital continuaste mandando flores y mensajes, pero yo no te respondía a ninguno, y entonces las flores se tornaron en amenazas.
Oscuridad, una pequeña luz, el presente, hoy. Un policía esta a mi lado, y tras un espejo, varios hombres. La luz iluminaba con claridad sus caras, tu cara, tus ojos que una vez me miraron con amor, tus labios que me besaban y decían te quiero, tú que alguna vez me quisiste, o quizás no, a lo mejor se convirtió en odio, o a lo mejor todo fue una broma que se te fue de las manos, pero ya es tarde, todo se acabo. Dije un número, tu número. El policía asintió y las luces se apagaron y me vi, me vi reflejada en ese espejo que evitaba que tú supieras cuando llegue, cuando me fui, o si siquiera llegue a estar en aquel lugar. Vi el último golpe que llegaste a darme. No volví a verte, y  a pesar de que tus manos solo me acabaron causando dolor, a pesar de que tus palabras me hacían daño, a pesar de todo, creo, que todavía te quiero.

Hogwarts

  Antes de que pudiera darme cuenta ya estaba perdida, uno de los estúpidos Crabe o Goldey había incendiado la sala de los Menesteres, y yo no podía respirar por culpa del humo pero, a pesar de todo, visualice una figura corriendo hacia mi, gritándome. Fui en su dirección, si no me mataba él lo haría el fuego, no tenía nada que perder. Cuando estuvimos frente a frente me agarro la mano y tiro de mi, atrayéndome más hacia él, lo cual era confuso
-Si voy a morir, te salvaré, pero antes- no entendía nada pero se puso todo mucho más confuso cuando acuno mi cara con sus manos y me besó, no tenía nada que ver con el beso de Ron un rato antes, este era dulce, pero demandante al mismo tiempo, comencé a responderle, por un momento note como se tensaba, pero fue casi imperceptible ya que un segundo después profundizaba el beso, llevo sus manos a mis caderas y las mías a su nuca. Cuando nos separamos por falta de aire, me pareció ver como en su rostro se formaba una sonrisa, pero me empujo, y antes de que pudiera volver a su lado una barrera de fuego se interpuso entre nosotros, aun así, pude escuchar claramente lo que menos pensé oírle decir hacia mi- Te quiero Hermione
   Lo volví a ver el día del juicio. Lo declararon inocente, decían que no era plenamente consciente de sus actos, fuera cierto o no, a mi me valía. Su madre también fue liberada y su única condena fue una multa, demasiada alta para un mortal, aun que claro, él no era un mortal. A su padre si que lo condenaron a Azkaban, no recuerdo cuantos años. A la salida del juicio intente verlo, pero no fue hasta que una mano me arrastró a un rincón oscuro, donde pude volver a ver sus increíbles ojos.
-Yo- pero me beso, este era más demandante, pero lo respondí de la misma forma, me apretujó contra la pared e incluso me elevo de manera que enredé mis piernas en su cintura para sujetarme mejor, el gimió y yo también.
-¿Hermione?- Ese era Ron, me estaba buscando, se oía lo suficientemente cerca par que nos pudiera ver en cualquier momento, me coloque la ropa y él me sujeto por los hombros y me miró de forma penetrante.
-Te quiero Hermione- Se giro para irse pero yo le agarré por la muñeca, me acerque y le dí un casto beso en los labios, no se porque lo hice, solo se que lo hice, y después de hacerlo, fui yo la que salí primero.
   Habían pasado unos diez meses cuando lo volví a ver, estaba en la puerta de mi apartamento, con las manos apoyadas en las rodillas, respiraba de forma forzada, como si hubiera corrido una gran distancia y estuviera cansado. Levantó la cabeza y me miró muy serio, pero no estaba enfadado, parecía ¿preocupado?
-No te cases con él
-Lo rechacé
-Por favor escucha mis razones y después, espera, ¿lo rechazaste?- Yo asentí
-Lo rechacé
-Lo rechazaste- Eso lo dijo más para si mismo que para mi, tenía la mirada perdida hasta que la dirigió de nuevo hacia mi, y con rapidez me abrazó, con fuerza, y, antes de que pudiera asimilarlo me besó. Después de la sorpresa inicial comencé a responderle, rápidamente se volvió todo más pasional, y entre tropezones entramos en el apartamento, desperdigando la ropa desde la puerta de la entrada hasta la habitación, donde deje que aquellos sentimientos de mi pecho se sofocaran, igual que la pasión. Cuando me desperté por la mañana el me miraba con una sonrisa, y yo le respondí con otra-Te quiero Hermione.
   Fue complicado, al principio estuvimos solos, pero finalmente nos aceptaron, ahora veo a unos pequeños correteando por el jardín, mis nietos, mientras tanto, mis hijos con sus respectivas parejas están con nosotros charlando, en la mesa.
-¡Papá venid a jugar!- Y ellos se levantan sonriendo y corriendo tras los pequeños, y de esta forma yo me quedo sola con él.
-Te quiero Hermione
-Te quiero Draco.


Será

La lluvia me cubre
no se que hacer
no me siento sola bajo el manto lúgubre
me siento abandonada bajo la luz del atardecer.
No hay que tener miedo a morir solos,
al fin y al cabo ese será nuestro fin,
pero hay que temer a vivir sin compañía,
aquella que nos alegra la vida cada noche sombría.
Que ñoña me siento, 
¿será la lluvia?,
¿será la poesía?,
¿será esta terrible melancolía,
que me consume día tras día?